Skip to content
EN ES
¿Qué tribu diseña el dinero cuando el efectivo no cabe en la maleta?

¿Qué tribu diseña el dinero cuando el efectivo no cabe en la maleta?

Un antropólogo recorre las rutas de remesas, efectivo y regulación que han obligado a las fintech mexicanas a inventar un nuevo código tribal para los pagos transfronterizos, que hoy se está exportando a otros mercados emergentes.

moyvera 1 min
X LinkedIn
Listen to this article

¿En qué momento una nota de voz se convirtió en una orden de pago global?

—Imagina esto conmigo —te propongo—: un hombre en Houston manda un audio por WhatsApp a su hermana en Michoacán.

«Ya te mandé. Checa tu app.»

No hay sucursal, no hay fila, no hay recibo de papel. Lo que sí hay es un mensaje fijado en la parte superior del chat: un pequeño flujo conversacional donde, entre stickers y chistes familiares, se esconde un rastro de dinero transfronterizo procesado por Félix Pago y liquidado del otro lado por Mercado Pago México.

—¿Y cuánto paga por ese truco? —preguntas.

—2.99 dólares —respondo—. Una tarifa plana por convertir una conversación cotidiana en un pago internacional casi instantáneo.

Para llegar a ese punto no bastó la “innovación tecnológica”. Se necesitaron décadas de habituar a una diáspora a enviar remesas a un país donde, en 2024, más de 64 000 millones de dólares cruzaron la frontera en forma de transferencias familiares. Se necesitó vivir en una economía donde el efectivo manda, la desconfianza al banco es herencia, y el cajero automático es, muchas veces, un rumor lejano.

Como antropólogo, no veo solo una app. Veo un rito adaptado: la ofrenda mensual que antes viajaba en sobre ahora viaja en mensaje cifrado. La fintech es, en este contexto, una nueva casta de sacerdotes del intercambio, que aprendió primero a sobrevivir en México antes de intentar escribir reglas para el resto del mundo.

—¿De verdad México está “dictando estándares” globales? —insistes.

No con comunicados rimbombantes, sino con un código tribal que se está filtrando en tres frentes: remesas, pagos B2B y finanzas embebidas. Y lo hace a través de compañías que no nacieron en el mármol de Wall Street, sino en el desorden cotidiano de un país donde el efectivo pesa, las colas duran y la regulación muerde.

¿Cómo se forja un código financiero en un país que confía más en el efectivo que en las firmas?

—Si queremos entender por qué estas startups mexicanas ahora exportan soluciones de pagos, tenemos que retroceder —te digo—. No a Silicon Valley, sino a una tiendita de barrio.

Piensa en el mostrador: una libreta fiada, billetes doblados, monedas en frascos reutilizados, un letrero descolorido que anuncia “se hacen recargas”. En este microcosmos ya estaba el guion: crédito informal, pagos fragmentados, ausencia de historial bancario, pero abundancia de flujo.

—¿Y qué tiene que ver eso con pagos transfronterizos? —preguntas.

Todo. Porque el mismo comerciante que se fía con su vecino depende, quizá, de una remesa que llega cada mes desde Chicago. Ese puente constante entre el “allá bancarizado” y el “aquí en efectivo” fue, durante años, un infierno de comisiones y esperas. En algunos corredores, enviar 200 dólares significaba perder fácilmente más del 7–8 % en costos, muy lejos del objetivo global de menos del 3 % que persiguen organismos internacionales.

En paralelo, muchas empresas mexicanas —especialmente pymes— vivían otro problema: tarjetas corporativas inaccesibles, procesos de gasto opacos, conciliaciones manuales. El mundo B2B, igual que la tiendita, estaba construido sobre parches, llamadas y hojas de cálculo.

—Entonces, ¿qué hicieron las fintech? —dudas.

Primero, sobrevivir en casa. Clara nació en 2020 para ofrecer tarjetas corporativas, cuentas de pago digitales y software de gestión de gastos a negocios de la región, empezando por México. No resolvía un capricho tecnológico, sino una carencia sistémica: empresas que operaban internacionalmente pero gestionaban sus gastos como si vivieran en una economía cerrada.

En paralelo, neobancos como albo decidieron atacar otro tabú: demostrar que el KYC y el AML no tenían por qué significar burocracia humillante. En 2021, albo se asoció con Acuant para integrar verificación de identidad digital y cumplir con las reglas mexicanas de prevención de lavado de dinero sin romper la experiencia del usuario. Donde antes había desconfianza y papeles escaneados, empezó a aparecer un flujo guiado en pantalla.

—¿Y la regulación? —preguntas—. ¿No frenó todo esto?

Aquí aparece otra capa del código. La Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera —la famosa Ley Fintech mexicana— impuso licencias, reglas de manejo de datos y parámetros de prevención de fraude que muchos consideraron asfixiantes. Pero también obligó a las startups a profesionalizar su relación con el Estado.

Las que sobrevivieron aprendieron a moverse en un terreno donde cada innovación debía dialogar con KYC, AML y protección de datos. Esa gimnasia regulatoria, incómoda al principio, se volvió un músculo exportable cuando miraron hacia Brasil, Colombia o Estados Unidos.

Si el usuario ya vive en la frontera, ¿por qué el sistema insiste en levantar muros?

—Te propongo que miremos el conflicto no desde la tecnología, sino desde la vida diaria —sugiero—.

De un lado, tienes a familias que se organizan globalmente: hijos en Estados Unidos, padres en México, primos en Colombia. Coordinar pagos es parte de su coreografía mensual. Del otro lado, un sistema financiero que actúa como si cada frontera fuera una muralla china.

—¿Cuál es el conflicto invisible entonces? —preguntas.

Que el sistema insiste en tratar los pagos transfronterizos como anomalías, mientras las personas los viven como rutina. Esa brecha produce tres tensiones constantes:

  1. Costo ritualizado: enviar dinero se ha normalizado como un sacrificio económico. En África Subsahariana, por ejemplo, las remesas siguen teniendo un costo promedio de 8.37 %, muy lejos de los objetivos internacionales. México, aunque ha logrado reducir costos vía fintech, arrastra la memoria de comisiones altas y procesos lentos.
  2. Tiempo como violencia simbólica: esperar días para que un pago cruce la frontera no es solo una molestia logística; es un recordatorio de jerarquías entre Norte y Sur, entre bancos grandes y usuarios pequeños.
  3. Sospecha permanente: cada verificación de identidad, cada validación de origen de fondos, comunica —implícitamente— que el usuario es culpable hasta demostrar lo contrario.

—Y ahí entran las fintech mexicanas, ¿como héroes? —insinúas.

No exactamente. Entran como intermediarios que deciden reescribir algunos rituales. Por ejemplo, Félix Pago toma un hábito existente —la conversación por WhatsApp— y lo convierte en interfaz de remesas. No fuerza al usuario a aprender un nuevo templo digital; simplemente incrusta el altar dentro del chat.

En el mundo empresarial, Clara hace algo similar: convierte las dinámicas informales de gasto (mensajes, correos, fotos de recibos) en flujos estructurados dentro de su plataforma. En lugar de exigir que los equipos adopten una lógica bancaria rígida, adapta el producto a la forma en que ya circula la información.

Y mientras tanto, jugadores como Bitso ejercen otro tipo de herejía: usan blockchain y, en algunos casos, stablecoins, para recortar intermediarios en pagos internacionales y remesas, reduciendo tiempo y costo. Esto no significa anarquía regulatoria; al contrario, abre nuevos frentes de negociación con las autoridades para definir reglas sobre uso responsable de estos instrumentos.

El conflicto invisible, entonces, no es solo tecnológico ni regulatorio. Es cultural: ¿quién tiene derecho a definir qué es “normal” en un pago transfronterizo? ¿El banco que mira desde el centro financiero, o la familia que hace fila cada mes para retirar lo que un pariente ganó a miles de kilómetros?

¿Qué nos dicen los números cuando los miramos como huellas de una migración financiera?

—Hablemos de evidencia, pero leamos las cifras como si fueran grafiti en la pared —propongo—.

Primero, las remesas. En 2024, México recibió más de 64 000 millones de dólares en remesas, consolidándose como principal destino en América Latina y segundo a nivel mundial, solo detrás de India. Este no es un pie de página estadístico: es el recordatorio de que la diáspora mexicana sostiene buena parte del flujo económico cotidiano.

—¿Y las fintech? —preguntas.

Su huella empieza a ser cuantificable:

  • En 2023, 27 nuevas compañías lanzaron mecanismos para cobrar envíos de efectivo desde el exterior, muchas usando plataformas digitales con comisiones más bajas.
  • Para 2024, 25 % de las remesas hacia México ya pasaban por plataformas fintech, un crecimiento del 60 % en tres años.
  • Alianzas como la de Stori con Félix Pago ofrecen recepción de remesas instantáneas sin costo, apuntando a zonas con limitada presencia bancaria.

Si traducimos esas cifras a rituales sociales, lo que vemos es una migración del sobre físico al saldo digital, sin que desaparezca la lógica comunitaria que sostiene el envío.

Veamos este pequeño marcador tribal:

¿Quién gana y quién pierde cuando el chat se vuelve pasarela de pagos?

Actor Qué gana en el nuevo código Qué pierde en el nuevo código
Familias receptoras de remesas Menos costo, más velocidad, más control desde el móvil Menos anonimato del efectivo, mayor trazabilidad
Startups mexicanas (ej. Félix Pago, Clara, Bitso, albo) Escala regional, datos en tiempo real, reputación exportable Mayor presión regulatoria, costos de cumplimiento
Bancos tradicionales Acceso a nuevos rails si se asocian, externalización de innovación Monopolio sobre comisiones, control total de la experiencia
Reguladores Más datos, mayor capacidad de supervisión Menos margen para reglas rígidas, presión por armonizar
Cobradores informales / canales opacos Pérdida de flujo, menor control del efectivo

—¿Y las empresas B2B? —insistes.

Aquí los números se manifiestan de otra forma: no como volumen de remesas, sino como eficiencia interna y expansión geográfica.

Clara, al ofrecer tarjetas corporativas, cuentas de pago digitales y gestión de gastos integrados, permite que empresas en México, Brasil y Colombia coordinen gastos en múltiples países bajo un solo sistema. No solo digitaliza, sino que hace interoperables culturas de gasto distintas.

Mientras tanto, Belvo, como plataforma de open finance, actúa como traductor entre bancos y fintechs en México, Brasil y Colombia. Su presencia en tres países no es solo expansión comercial: es la creación de un idioma común de datos financieros que facilita que nuevos productos de pagos embebidos nazcan con vocación regional.

¿Cómo se ve la expansión como cronología de un rito compartido?

Año / Hito aproximado* Ritual local que se resuelve Capacidad exportable que emerge
2018–2019: consolidación Ley Fintech en México Formalizar modelos digitales bajo licencias, KYC/AML más estrictos Know-how regulatorio aplicable en otros mercados emergentes
2020: fundación y expansión inicial de Clara Caos en gastos corporativos, falta de tarjetas accesibles Suite B2B replicable en Brasil y Colombia
2021: alianza albo–Acuant para KYC/AML Identidad digital confiable en un entorno de alta informalidad Plantilla de onboarding seguro para otros países
2023: alianza Félix Pago–Mercado Pago México Altos costos y lentitud de remesas EE. UU.–México Modelo de remesa conversacional replicable a otros corredores
2024: 25 % de remesas vía fintech, 60 % de crecimiento en tres años Duda histórica hacia soluciones digitales se transforma en hábito Caso de uso para otros mercados con alta diáspora

*Fechas basadas en los hitos reportados en las fuentes citadas.

Si un antropólogo de otro planeta leyera esta tabla, vería el rastro de un grupo humano que, presionado por la migración, la informalidad y la regulación, se vio obligado a inventar tecnologías sociales —no solo técnicas— para sostener sus intercambios.

¿Qué ocurre cuando el Estado se vuelve parte de la tribu en vez de solo vigilarla?

—Hasta ahora hemos hablado de startups y usuarios. Falta un actor: el regulador —señalo.

La Ley Fintech mexicana no apareció en un vacío. Surgió de la necesidad de ordenar un ecosistema donde crecían plataformas de pagos, remesas y créditos digitales, muchas sin reglas claras. Al exigir licencias, protocolos de datos y estándares de prevención de fraudes, el Estado se colocó como guardián del rito.

—¿Eso no ahoga la innovación? —preguntas.

Podría, si se quedara en una postura puramente punitiva. Pero la historia reciente sugiere algo más complejo: una negociación constante. Por ejemplo:

  • Alianzas como la de albo con Acuant para robustecer KYC/AML no son solo cumplimiento; son co-producción de nuevas formas de identificar personas en entornos con documentos irregulares, direcciones ambiguas y múltiples identidades sociales.
  • La adopción de tecnologías como blockchain y stablecoins por parte de jugadores mexicanos en pagos transfronterizos obliga al regulador a pensar en nuevas categorías, más allá del esquema clásico de banco–corresponsal–banco.

Al mismo tiempo, las fintech mexicanas que miran hacia fuera se topan con otro laberinto:

  • Marcos regulatorios diversos entre países que encarecen la expansión.
  • Falta de armonización en temas como protección de datos, licencias y AML.

Ante eso, emergen esfuerzos colectivos como la colaboración entre la Asociación Fintech México y la Financial Technology Association de Estados Unidos, que buscan tratados bilaterales, reconocimiento mutuo de licencias y alineación con esquemas como APEC Cross-Border Privacy Rules (CBPR).

—Entonces, ¿el regulador pasa de juez a socio? —preguntas.

En el mejor de los casos, sí. Lo que está en juego es enorme: definir el estándar de pagos de bajo costo y en tiempo real para mercados emergentes. Si México logra articular su propia experiencia —alta informalidad, enorme flujo de remesas, fintechs maduras— con marcos como APEC CBPR, puede influir en cómo otras regiones globales moldean sus reglas.

Pero la alianza regulatoria no es estable. Cada innovación —por ejemplo, el uso de stablecoins para liquidar remesas— abre nuevos frentes de riesgo: lavado de dinero potencial, volatilidad, protección insuficiente del usuario final. La pregunta no es si habrá regulación, sino quién escribe la primera versión del código.

¿Qué giro estratégico exige esta nueva “economía de tribus conectadas” a las fintech mexicanas?

—Si tú dirigieras una fintech mexicana hoy, ¿qué harías distinto? —te lanzo la provocación.

Desde la mirada antropológica, el próximo movimiento estratégico no es solo tecnológico ni de expansión geográfica. Es un cambio de rol: de operador de producto a codificador de ritos globales.

Lo podemos traducir en cuatro desplazamientos concretos:

  1. De producto local a protocolo exportable
    Las soluciones que funcionaron en México —como remesas conversacionales vía WhatsApp o tarjetas corporativas adaptadas a contextos de informalidad— deben convertirse en protocolos documentados. No basta con abrir oficinas en otros países; hay que traducir prácticas sociales mexicanas en reglas reutilizables para otros contextos de alta informalidad, como partes de África o Asia.

  2. De compliance como carga a compliance como ventaja competitiva
    Startups como albo demostraron que un KYC/AML robusto puede integrarse en la experiencia del usuario. El siguiente paso es ofrecer esa capacidad como módulo exportable: ser quienes ayudan a otras fintechs y bancos en mercados emergentes a cumplir regulaciones sin destruir la experiencia de usuario.

  3. De alianza táctica a curaduría de ecosistema
    Si Félix Pago puede asociarse con Mercado Pago México para remesas baratas EE. UU.–México, el siguiente nivel es que empresas mexicanas como Bitso, Belvo o Clara orquesten redes de partners en varios países. No solo conectar rails, sino curar quién entra al ritual: qué wallets, qué bancos, qué proveedores de identidad.

  4. De corredor único a red de diásporas
    México ya domina el corredor EE. UU.–México en volumen. El aprendizaje aquí —usar apps de chat, bajar costos, cumplir reglas fuertes— es aplicable a otras diásporas: centroamericanas, sudamericanas, africanas. La ventaja competitiva no está en el corredor específico, sino en comprender la psicología del migrante que envía y de la familia que recibe.

—Y para las empresas B2B, ¿cuál es el giro? —preguntas.

Para actores como Clara, la jugada es simultánea:

  • Convertir su enfoque de tarjetas corporativas y gestión de gastos en un estándar informal de cómo las empresas latinoamericanas mueven dinero entre países.
  • Integrarse con plataformas como Belvo para tener una visión más rica de datos, y con rails de pagos transfronterizos que reduzcan la fricción entre filiales.

En este tablero, Belvo representa algo clave: la infraestructura que puede estandarizar el acceso a datos financieros en tres países grandes de la región. Al hacerlo, facilita que el “código tribal mexicano” —adaptado a la informalidad y al efectivo— pueda hablar con otros códigos latinoamericanos.

Si las remesas son el pulso, ¿hacia dónde se expande el cuerpo de esta nueva economía conectada?

—Permíteme hacer una síntesis provocadora —te propongo.

Imagina que las remesas son el latido visible de una economía de tribus globales: pulsos de dinero que suben y bajan entre Norte y Sur. Hasta hace poco, ese latido estaba ahogado por comisiones altas, tiempos largos y sospecha regulatoria. En México, el auge fintech ha empezado a cambiar el ritmo:

  • 64 000 millones de dólares en remesas en 2024 ya no son solo flujo económico: son demanda política y tecnológica.
  • Que 25 % de ese flujo pase por plataformas fintech en 2024, con un crecimiento del 60 % en tres años, indica que la tribu está dispuesta a cambiar de rito si le ofreces menos costo, más velocidad y suficiente confianza.

—¿Y qué significa eso fuera de México? —preguntas.

Significa que el país, sin proponérselo explícitamente, está ayudando a definir un estándar emergente para mercados donde:

  • El efectivo sigue siendo rey.
  • Una parte significativa del PIB depende de remesas o flujos transfronterizos.
  • La población está sub-bancarizada, pero hiperconectada por móvil y mensajería.

En África, por ejemplo, el uso de dinero móvil ha crecido con fuerza y startups como Nala, Flutterwave, Mama Money o APS han transformado el envío de remesas digitales. Aun así, la región subsahariana sigue siendo la más cara del mundo para mandar dinero, con costos promedio de 8.37 %. En ese contexto, el “código mexicano” —remesas más baratas, experiencia conversacional, fuerte énfasis en cumplimiento— puede servir de modelo parcial, siempre que se adapte a realidades culturales distintas.

En India, la digitalización de remesas ha avanzado aprovechando la alta penetración móvil y una robusta infraestructura digital. Aunque no tengamos aquí los detalles específicos de sus fintechs, el paralelo es claro: países con grandes diásporas, sistemas complejos y poblaciones masivas están escribiendo, a la vez, diferentes versiones de un mismo “manual de pagos transfronterizos”.

—Entonces, ¿México quiere ser estándar global? —insistes.

Quizá no es tanto un deseo explícito como una consecuencia. Cuando startups como Félix Pago, Clara, albo, Bitso o Belvo aprenden a negociar con una regulación exigente, a convivir con el efectivo y a servir a usuarios no bancarizados, terminan acumulando una ventaja moral y técnica: saben lo que es construir sistemas que funcionan a pesar de la fricción.

Si esa experiencia se articula con iniciativas de armonización regulatoria —como las impulsadas por la Asociación Fintech México y la FTA, o la adopción de marcos como APEC CBPR—, el resultado posible es un estándar: pagos transfronterizos de bajo costo, casi en tiempo real, diseñados por quienes conocen el peso literal del efectivo y el costo emocional de una remesa tardía.

La pregunta final no es si México puede exportar su fintech, sino qué partes de su código tribal quiere compartir. ¿La eficiencia? ¿La creatividad bajo presión? ¿La capacidad de negociar con un Estado fuerte? O, quizás, esa intuición aprendida en el barrio: que el dinero no es solo cifra en pantalla, sino promesa social que recorre familias, negocios y fronteras.

—Si el próximo estándar global de pagos se diseña mirando a la tiendita de la esquina, en vez del rascacielos bancario —te dejo pensando—, ¿reconocerías en él los gestos cotidianos de tu propia tribu?

¿Qué preguntas deberíamos seguir haciéndonos cuando el código tribal del dinero se vuelve exportación?

Antes de cerrar este recorrido, te propongo algunas preguntas que quedarán abiertas, como toda buena conversación antropológica:

  • Si México exporta su experiencia fintech a otros mercados emergentes, ¿cómo evitar que la “optimización” borre la diversidad de ritos locales de pago?
  • ¿Hasta qué punto la adopción de blockchain y stablecoins para pagos transfronterizos puede mantener la promesa de bajo costo sin generar nuevas desigualdades en acceso o comprensión?
  • ¿Qué pasa cuando los estándares de KYC/AML, pensados desde la sospecha, se aplican a comunidades que han vivido históricamente bajo vigilancia excesiva?
  • ¿Cómo garantizar que la expansión internacional de startups mexicanas no reproduzca las mismas asimetrías que criticaban en los viejos actores globales?

La historia no está cerrada. Lo único claro es que, en esta fase, quien entienda mejor la dimensión tribal del dinero —el miedo, el orgullo, la vergüenza y el alivio que acompañan cada envío— tendrá ventaja para escribir el próximo capítulo de los pagos transfronterizos.

Y México, con sus 64 000 millones de razones anuales y sus diásporas extendidas, ya dejó las primeras notas de ese manual.

Referencias

  1. Newswire. "Félix Pago and Mercado Pago México Join Forces to Transform Cross-Border Payments" (junio 2023).
  2. Wikipedia. "Clara (company)".
  3. GlobeNewswire. "Mexico’s Leading Neobank albo Partners with Acuant to Tackle AML/KYC Compliance" (marzo 2021).
  4. Bitso Business – Reporte: "Cómo la tecnología blockchain da forma a los pagos transfronterizos".
  5. EnigmaSecurity. "Alianzas entre Asociación Fintech México y Financial Technology Association (FTA) y referencia a APEC CBPR".
  6. Expansión. "Remesas: nuevo foco de bancos y fintech en México" (2025).
  7. Momento Corporativo. "Remesas en México" (2023).
  8. Panorama de Negocios. "Panorama fintech México" (octubre 2025).
  9. El País. "África se sube al negocio de las remesas digitales y presiona para reducir el coste de las transacciones" (2025).
  10. InsidePayTech. "Fintechs mexicanas trascienden fronteras" (Bitso, Clara, Stori, Belvo).

Related Articles

Cuando una sola cláusula en el contrato lo cambia todo: lo que revela la letra pequeña entre gigantes y startups

Cuando una sola cláusula en el contrato lo cambia todo: lo que revela la letra pequeña entre gigantes y startups

No es el pitch ni la app lo que decide quién gana entre la industria tradicional y las startups, sino una cláusula casi invisible en los contratos: quién controla los datos del cliente. Desde la mirada de un auditor forense, este detalle mínimo deja al descubierto el verdadero modelo de negocio, la tecnología real (no la de las presentaciones) y el futuro de la experiencia de usuario en banca, retail, salud y movilidad.

Escena de riesgo: ¿cuándo una startup deja de ser empresa y se convierte en infraestructura crítica del nearshoring mexicano?

Escena de riesgo: ¿cuándo una startup deja de ser empresa y se convierte en infraestructura crítica del nearshoring mexicano?

Mientras el nearshoring celebra récords de inversión y nuevas plantas, una capa silenciosa de startups mexicanas se ha convertido en infraestructura crítica para multinacionales… sin que casi nadie lo reconozca como tal. Este ensayo forense rastrea dónde está el valor que falta en la ecuación, qué están aportando Kuepa, SoluTech, Clara y WorkForce MX, y qué ocurrirá cuando una falla técnica local pueda detener una cadena global.

Un martes cualquiera en la trinchera: quién gana realmente cuando bancos, minoristas, hospitales y operadores coquetean con las startups

Un martes cualquiera en la trinchera: quién gana realmente cuando bancos, minoristas, hospitales y operadores coquetean con las startups

Mientras los comunicados hablan de “innovación abierta” y “alianzas estratégicas”, un martes cualquiera en un banco, un retailer, un hospital y un operador logístico cuenta otra historia: qué modelos de negocio consumen caja, quién asume el riesgo y quién se queda con el cliente. Este reportaje sigue un día en la vida de cuatro profesionales atrapados entre gigantes y startups para responder la única pregunta que importa: ¿quién gana y quién pierde de verdad?