Cuando la pantalla se apaga: quién manda realmente en la guerra fría entre bancos y fintech
Pagos instantáneos, créditos en minutos, apps brillantes. Desde fuera, parece que la banca tradicional y las fintech compiten por ver quién innova más rápido. Pero si se observa desde los balances, los servidores, los reguladores y las vidas de los clientes, el juego es otro: una guerra fría donde el poder se negocia en márgenes, APIs y regulaciones silenciosas. Este reportaje reconstruye ese mosaico y responde a la única pregunta que importa: quién gana, quién pierde… y quién ni siquiera sabe que está jugando.
I. La llamada a las 2:17 a. m. (El gancho)
A las 2:17 de la madrugada de un martes cualquiera en São Paulo, el director de riesgos de un gran banco latinoamericano recibe una llamada que solo puede significar una cosa: algo se ha roto.
No se ha caído la app. No hay colas en las sucursales. El problema está en otra parte. Dos horas antes, un modelo de inteligencia artificial de una fintech de crédito al consumo —con una plantilla total que cabría en la sala de juntas del banco— aprobó miles de micropréstamos en cuestión de segundos, aprovechando una integración con Pix para desembolsar dinero casi al instante.
El modelo ha funcionado tan bien que ha descubierto un segmento de clientes que el banco lleva una década etiquetando como “demasiado caro de servir”. Esa madrugada, el banco no pierde una campaña: pierde décadas de supuesta experiencia en scoring.
Esa es la escena que casi nunca aparece en los informes anuales ni en las notas de prensa sobre colaboración banca–fintech. Pero es ahí, en esa zona gris, donde se decide quién gana de verdad.
II. Cómo se construyó el tablero (El origen)
Para entender por qué una fintech puede mover así la aguja en plena madrugada, hay que retroceder a un momento menos heroico: los Excel y PowerPoint de principios de los 2000.
Tras la crisis financiera global, los bancos europeos quedaron atrapados entre dos paredes: regulaciones más duras para proteger al sistema y una reputación deteriorada frente al público. Capital más caro, supervisores más estrictos, márgenes presionados. En paralelo, sus sistemas informáticos —las famosas core banking platforms— seguían atados a infraestructuras heredadas, pensadas para sucursales físicas y jornadas bancarias de 9 a 14.
En América Latina el guion fue distinto, pero igual de incómodo. Bancos concentrados, spreads altos, grandes masas de población subatendidas o directamente excluidas, sucursales pensadas para la clase media formalizada. El negocio funcionaba, pero solo para quien ya estaba dentro.
En ese contexto aparecen las fintech, empujadas por tres fuerzas simultáneas:
- Tecnología abaratada y modular: nube pública, APIs, analítica avanzada, todo disponible como servicio.
- Regulación que abre puertas: desde PSD2 en Europa hasta marcos fintech en Brasil, México, Argentina, Colombia o Chile, que permiten que nuevos jugadores accedan a infraestructura y datos sin levantar un banco desde cero.
- Hartazgo del usuario: colas, comisiones opacas, procesos de alta interminables, producto diseñado para el balance, no para la pantalla.
No nacen como anti-bancos heroicos, por mucho que el relato de marketing lo presente así. Nacen como empresas que ven un margen desatendido, una fricción que nadie quiso arreglar o un segmento que el banco consideró marginal.
El resultado es un mercado que ya no es “bancos vs. startups”, sino algo más inquietante: jugadores que comparten las mismas infraestructuras, los mismos reguladores y, cada vez más, los mismos clientes… pero no los mismos incentivos.
III. La guerra que casi nadie ve (El conflicto invisible)
En público, bancos y fintech posan juntos en paneles sobre innovación y ecosistemas. En privado, la conversación es otra: quién controla el flujo de datos, quién se queda con el margen de la operación, quién asume el riesgo regulatorio si algo sale mal.
La mayor parte de la atención se va a lo obvio: apps más bonitas, tarjetas metálicas, onboarding en minutos. Lo que queda fuera del encuadre es el conflicto estructural.
En pagos, una fintech de adquirencia en Colombia como Bold o un esquema instantáneo como Pix en Brasil logran algo brutal: hacen rentable procesar transacciones de comercios pequeños que la banca tradicional había dejado en la cuneta. Desde la perspectiva del usuario, todos ganan: menos fricción, menores comisiones, más ventas. Desde la del banco, la historia es otra: pierde comisiones, pierde datos de consumo y a veces acaba relegado a ser mera “cuenta de liquidación”.
En crédito, emisores digitales de tarjetas y plataformas compra ahora, paga después erosionan el modelo clásico de tarjeta bancaria: toman al cliente en la capa de la experiencia y lo tratan como si el banco fuera solo un utility que aporta balance.
En inversión, apps con interfaces mínimas ofrecen lo que los bancos solían vender en salas de reuniones: acceso a activos, recomendaciones básicas, automatización de aportes. El banco observa cómo comisiones que antes justificaban una red de oficinas pasan a ser suscripciones baratas o spreads reducidos.
En banca para PYMEs, plataformas como Lounn en México o soluciones europeas de factoring digital conectan a empresas pequeñas con múltiples fuentes de financiación sin necesidad de casarse con un banco. La entidad pierde su rol de ventanilla obligatoria y se queda como proveedor entre otros.
El conflicto invisible no es tecnología contra tecnología. Es quién posee la relación primaria con el cliente y quién queda abajo, empujando datos y capital mientras mira cómo otro monetiza la confianza.
Y en esa pelea, ni los bancos ni las fintech cuentan una parte incómoda: la cara B para quienes no tienen smartphone, no confían en una app o simplemente no quieren que cada clic de compra acabe en un modelo de scoring.
IV. El marcador parcial: ingresos, costes y poder (Evidencias I)
La narrativa habitual dice que las fintech ganan por ser ligeras y rápidas, mientras los bancos se sostienen en su músculo financiero y regulatorio. Esa frase queda bien en conferencias, pero es perezosa.
Veamos un marcador más incómodo.
1. Modelos de negocio bajo el microscopio
- Bancos tradicionales: viven de intereses de préstamos, comisiones por servicios y distribución de productos de inversión. Soportan costes fijos altos: sucursales, plantillas extensas, sistemas heredados difíciles y caros de mantener. A cambio, disfrutan de licencias bancarias completas, acceso a depósitos garantizados y respaldo implícito del Estado.
- Fintech: facturan por suscripción, por transacción, por tarifas planas. Su coste se apoya en la nube, equipos pequeños y automatización agresiva. No arrastran sucursales. Pero la otra cara es clara: acceso más caro a fondeo, más volatilidad de ingresos, más dependencia de acuerdos con terceros.
En América Latina, el desequilibrio se ha vuelto evidente: según datos recientes, la inversión en fintech en la región creció un 86 % en 2024, mientras la media global caía un 13 %. No es solo capital especulativo: esas fintech latinoamericanas crecieron en ingresos al 37 % interanual, comparado con el 22 % de sus pares estadounidenses. No se invierte en promesas; se invierte en margen real.
2. El marcador de quién gana y quién pierde
Aun así, el titular fácil de “las fintech están ganando” es engañoso. El marcador real se parece más a esto:
Cuadro 1. Marcador de ganadores y perdedores (2025)
| Segmento | Ganador aparente (corto plazo) | Perdedor silencioso | Comentario incómodo |
|---|---|---|---|
| Pagos minoristas | Fintech de adquirencia, wallets, esquemas instantáneos (Pix, etc.) | Bancos emisores que pierden fee y dato de compra | El banco se queda con el riesgo operativo, la fintech con la interfaz y el crecimiento. |
| Crédito consumo | Emisores digitales con IA y marketing en tiempo real | Tarjetas bancarias tradicionales de alto costo | La IA reduce mora en segmentos que el banco ni miraba; el riesgo regulatorio por sobreendeudamiento queda difuso. |
| Inversión retail | Apps de inversión automatizada y brokers low-cost | Redes de sucursales y asesores presenciales | El cliente paga menos comisiones, pero asume decisiones complejas vía móvil, a menudo sin entender el riesgo. |
| Banca PYMEs | Marketplaces de crédito, adquirentes especializados, plataformas como Lounn | Banca de ventanilla única | La pyme gana acceso, pero se fragmenta la relación y se dificulta ver el riesgo sistémico real. |
Detrás de cada casilla hay una redistribución de poder: quién pone el balance, quién posee el dato, quién recuerda el nombre del cliente.
V. Los fierros: del mainframe al modelo de IA (Arquitectura tecnológica como arma)
Si todo esto fuera solo una guerra de PowerPoints, los bancos seguirían ganando por inercia. No es el caso. El campo de batalla son los sistemas.
1. Legacy vs. cloud-native: la grieta real
Los bancos tradicionales cargan con sistemas centrales diseñados para otro siglo: monolíticos, caros de actualizar, casi imposibles de apagar. Cada nueva regulación, cada nuevo producto, es un parche. No es falta de voluntad; es física aplicada: mover toneladas de código y procesos sin tirar el banco abajo.
Las fintech, en cambio, nacen cloud-native: se apoyan en infraestructura elástica, pueden probar y descartar productos en semanas, escalan sin comprar un solo servidor. Eso no significa que no tengan problemas: la dependencia de un par de proveedores cloud concentra riesgos de seguridad y disponibilidad. Pero les da una ventaja brutal en el único factor que cuenta en mercados en rápida transformación: tiempo de reacción.
En México, por ejemplo, actores como Nu o Klar aprovechan esa agilidad para lanzar y ajustar productos de crédito y pago a una velocidad que ningún comité de producto bancario puede igualar. Kapital Bank México integra IA para automatizar la originación de créditos y la gestión de activos: no es un accesorio, es el nuevo motor del negocio.
2. APIs: quién controla las tuberías
En Europa, PSD2 obligó a los bancos a abrir APIs. Suena técnico, pero la consecuencia es política: por primera vez, terceros regulados pueden acceder a información de cuentas y ejecutar pagos en nombre de los clientes, con su consentimiento.
Las fintech aprovecharon esto para construir servicios sobre la base bancaria sin pedir permiso cada vez. ¿Quién gana?
- El usuario obtiene más opciones.
- La fintech gana velocidad de entrada al mercado.
- El banco pierde el monopolio de la interfaz, pero retiene el coste de cumplimiento y seguridad.
En Perú, las fintech que se integran a la infraestructura de transferencias electrónicas del sistema tradicional logran ofrecer depósitos y retiros sin desplegar una red propia. De nuevo: el banco aporta tuberías y regulación; la fintech, producto y audiencia.
3. IA, automatización y ciberseguridad: eficiencia o bomba de tiempo
La inteligencia artificial y la automatización no son neutras. Quien controla sus modelos controla la asignación del crédito, la priorización de clientes, la detección de fraude.
- IA y scoring: emisores digitales de tarjetas en Sudamérica usan análisis de datos en tiempo real para ofrecer crédito casi instantáneo, personalizar ofertas y ajustar límites dinámicamente. Empujan fuera del tablero a modelos bancarios rígidos diseñados para un cliente promedio que ya casi no existe.
- RPA y chatbots: bancos y fintech automatizan procesos con RPA y atención digital. Ganan eficiencia, recortan costes de personal, reducen errores humanos. El precio: decisiones cada vez más opacas para los clientes y para los propios gestores.
- Ciberseguridad: tanto en Europa como en LatAm, el salto a open banking y a arquitecturas distribuidas abre superficies de ataque nuevas. Los bancos invierten en arquitecturas de confianza cero, algunas instituciones exploran blockchain para reforzar trazabilidad y protección contra amenazas internas. Las fintech, más ligeras, tienen que gastar una porción desproporcionada de sus recursos en cumplir estándares que no siempre entienden a fondo.
El relato de “banca lenta vs. fintech ágil” oculta otro dilema: ¿ quién será el primero en fallar de forma masiva, dejando a millones de usuarios bloqueados en sus pantallas? El que pierda esa batalla no será necesariamente el peor tecnólogo, sino el que haya aceptado más riesgos invisibles para ganar cuota más rápido.
VI. Lo que siente el usuario: fricción, promesas y letra pequeña (Experiencia de cliente)
En estas guerras tecnológicas y regulatorias hay una variable que se usa como escudo moral: “lo hacemos por el cliente”. Vale la pena escuchar lo que el cliente vive, no lo que le cuentan.
1. Onboarding: del formulario infinito al clic nervioso
La escena clásica: alta en un banco europeo o latinoamericano tradicional. Formularios extensos, comprobantes físicos, visitas a sucursal. El coste para el banco es alto, pero el mensaje es claro: entrar tiene peso.
Las fintech rompen ese ritual. Alta en minutos, selfie, foto del documento, comprobación biométrica y ya está. Bold en Colombia, por ejemplo, entrega datáfonos y acceso a pagos a comercios que nunca cruzaron una puerta bancaria. Lounn conecta PYMEs mexicanas con múltiples opciones de financiación a través de un proceso marginalmente más largo que pedir un taxi por app.
El usuario gana tiempo… y acepta sin leer términos que definen cómo se usarán sus datos, qué algoritmos evaluarán su solvencia y bajo qué condiciones puede ser expulsado del sistema con un correo automatizado.
2. Diseño de producto: adicción, no solo usabilidad
Las fintech han convertido el diseño de producto en arma. Interfaces que parecen redes sociales, notificaciones cuidadosamente calibradas, gamificación de ahorro e inversión. El mensaje constante: movimiento, actividad, novedad.
Los bancos intentan imitar esos lenguajes visuales y de interacción, pero cargan con productos pensados para otra racionalidad: hipotecas a 20 años, planes de inversión con horizontes que superan cualquier ciclo de app.
El resultado es paradójico: servicios financieros cada vez más críticos (pagos cotidianos, créditos al consumo, microinversión) se consumen con la misma lógica que un feed de noticias. ¿Quién gana ahí?
- La fintech, que aumenta uso y retención.
- El banco que logra digitalizar canales y reducir tráfico en sucursales.
- El regulador, que puede trazar operaciones en tiempo real.
¿Quién pierde? Quien no entiende las reglas del juego, firma con un gesto de pulgar y descubre semanas después que el sistema es menos reversible que una compra impulsiva en un e-commerce.
3. Soporte y personalización: la nueva asimetría
La promesa es seductora: atención 24/7 por chat, respuestas rápidas, productos “hechos a tu medida” gracias a datos y modelos de IA.
- Las fintech aprovechan esa personalización para ofrecer créditos ajustados al comportamiento, propuestas de inversión dinámicas, recomendaciones de gasto casi en tiempo real.
- Los bancos adoptan analítica avanzada y segmentación fina en sus canales digitales, pero con una restricción: su obligación prudencial y regulatoria les impide, al menos en teoría, “empujar” productos de riesgo sin cierto filtro.
Esta diferencia crea una asimetría peligrosa: los actores menos supervisados son los que más libertad tienen para usar datos y sesgos conductuales en su favor. No es un juicio moral, es una constatación del marco actual.
La experiencia de usuario no es solo quién ofrece el onboarding más rápido, sino quién define qué versión de tu propia vida financiera ves en la pantalla… y con qué objetivos comerciales.
VII. Quién gana, quién pierde: el marcador ampliado (Evidencias II)
Ya no se trata de apps o de número de sucursales. Se trata de cómo el poder se redistribuye entre tipos de actores.
Cuadro 2. Quién gana y quién pierde por tipo de jugador
| Actor | Qué gana hoy | Qué pierde hoy | Riesgo estratégico a 5–10 años |
|---|---|---|---|
| Bancos grandes (LatAm/UE) | Depósitos, licencia plena, acceso regulador, marca | Margen en pagos y crédito consumo, control interfaz | Quedar como “tubería regulada” sin relación primaria |
| Bancos medianos/pequeños | Nichos locales, conocimiento sectorial | Economías de escala, capacidad de inversión tecnológica | Ser absorbidos o relegados a segmentos no rentables |
| Fintech de pagos/adquirencia | Crecimiento en comercios, datos de transacción | Dependencia de bancos y esquemas de pago | Presión regulatoria y competencia de big tech |
| Fintech de crédito/inversión | Agilidad de producto, modelos de IA, branding digital | Costo de fondeo, vulnerabilidad a shocks de liquidez | Cambios regulatorios que exijan capital y reservas |
| PYMEs y comercios pequeños | Acceso a pagos e ingresos antes imposibles | Fragmentación de servicios, mayor complejidad de decisiones | Exposición a cierres repentinos de proveedores fintech |
| Usuarios finales | Comodidad, opciones, menores barreras de entrada | Opacidad de algoritmos, sobreendeudamiento más sutil | Pérdida de control sobre datos y reglas del juego |
El marcador muestra algo incómodo: no hay un ganador limpio. Lo que sí se ve claramente es quién está pagando el costo de la innovación: usuarios con menos capacidad de negociación y empresas pequeñas para las que un error de proveedor no es una anécdota, sino una sentencia.
VIII. El giro estratégico que nadie está contando (El cambio necesario)
Mientras el discurso oficial habla de colaboración y sinergias, la estrategia real que se está jugando en despachos y salas de consejo es otra: quién consigue evitar ser comoditizado.
1. Bancos: dejar de jugar a ser fintech de imitación
Cada vez que un banco lanza “su súper app” que copia lo que una fintech hizo tres años antes, envía un mensaje peligroso: está dispuesto a competir en el terreno donde peor se mueve.
Si los bancos quieren dejar de ser tuberías anónimas, necesitan varias decisiones incómodas:
- Reconstruir el core de productos, no solo la app. Rediseñar el crédito, los plazos, las comisiones y la forma en que se asume el riesgo para que tenga sentido en un mundo de datos en tiempo real.
- Apostar por arquitecturas abiertas con reglas propias: usar APIs y nube, sí, pero definiendo un marco claro de qué se comparte y qué no, con quién y bajo qué condiciones de interoperabilidad y revenue sharing.
- Hacer visible el valor de la regulación: convertir su obligación de estabilidad y protección del depósito en una propuesta de valor, no en una excusa frente a la innovación.
2. Fintech: aceptar que el juego ya no es “disrumpir bancos”
Con un crecimiento de inversión del 86 % en LatAm y tasas de ingresos superiores a las de sus pares globales, muchas fintech están pasando del rol de insurgente al de infraestructura crítica. Ese cambio tiene costes.
Les guste o no, necesitan:
- Prepararse para ser reguladas como lo que en la práctica ya son: actores sistémicos en pagos, crédito o inversión. Implica adoptar prácticas fuertes de riesgo, seguridad y gobierno de datos.
- Evitar la trampa del hipercrecimiento sin base de fondeo estable: la historia está llena de startups financieras que explotaron al primer ciclo adverso. El crédito que se asigna con IA también tiene que sobrevivir cuando las curvas se dan la vuelta.
- Construir relaciones más simétricas con PYMEs y usuarios: menos letras pequeñas invisibles, más mecanismos claros de salida, portabilidad de datos y resiliencia ante caídas de servicio.
3. Reguladores: pasar de árbitros tardíos a arquitectos visibles
En América Latina, los marcos fintech han impulsado inclusión y competencia; en Europa, PSD2 y la regulación de servicios de pago han abierto espacio a nuevos jugadores. Pero el siguiente paso no es añadir más normas, sino clarificar las reglas de un juego que ya no es binario.
Acciones estratégicas urgentes:
- Definir estándares de “portabilidad financiera” reales: que un comercio o usuario pueda cambiar de proveedor de pagos o crédito sin quedar bloqueado semanas o perder historial útil.
- Establecer umbrales de responsabilidad compartida: si una fintech que depende de la infraestructura bancaria sufre un incidente grave, ¿quién responde, y cómo se comunica al cliente?
- Publicar métricas comparables de riesgo y estabilidad: que el usuario vea algo más que colores de app y tipos de interés, y pueda comparar resiliencia, incidentes y prácticas de datos entre bancos y fintech.
El giro estratégico que nadie verbaliza en público es este: si todos juegan a ser “plataformas”, alguien tiene que decidir quién podrá caer sin llevarse media economía por delante.
IX. El mosaico regulatorio: LatAm vs. Europa (Contexto y tensiones)
La historia suele contarse así: Europa es cauta, América Latina es audaz. La realidad es menos romántica y más estructural.
- En LatAm, la “primavera fintech” responde a un vacío histórico: exclusión financiera y bancarización parcial. Reguladores en Brasil, México, Argentina, Colombia o Chile han creado marcos que permiten que nuevos actores abran cuentas de pago, ofrezcan crédito digital y compitan en adquirencia. El resultado es un salto cuantitativo: millones de personas y PYMEs que, por primera vez, son visibles para el sistema.
- En Europa, el objetivo ha sido otro: abrir la competencia en mercados saturados, mejorar transparencia y proteger datos. PSD2 no nació para salvar a excluidos, sino para disciplinar a un sistema bancario grande y acomodado.
Ambos enfoques producen ganadores y perdedores distintos:
- En LatAm, usuarios y comercios acceden a servicios mejorados, pero quedan más expuestos a shocks de startups que aún no han vivido un ciclo largo de crisis.
- En Europa, los usuarios ganan en derechos sobre sus datos y en opciones de proveedores, pero se enfrentan a productos más complejos en un entorno regulatorio que a veces asume un conocimiento financiero que no existe.
Lo constante en ambos casos es la misma pregunta: si la interfaz es cada vez más ligera, ¿quién sostiene el peso cuando algo se rompe?
X. Escenarios de convergencia: cooperar o ser irrelevantes (Lo que viene)
Detrás de las notas de prensa sobre alianzas estratégicas hay una verdad incómoda: ni los bancos pueden “matar” a las fintech, ni las fintech pueden reemplazar completamente a los bancos sin asumir su carga regulatoria y de capital.
Los escenarios probables de los próximos años no son épicas de sustitución, sino combinaciones poco glamorosas:
-
Bancos como plataformas reguladas con capas fintech encima
Modelos Banking-as-a-Service donde el banco ofrece licencias, balance y cumplimiento; las fintech ponen producto, diseño y nichos de mercado. Amistad interesada: si una parte intenta absorber todo el margen, la otra desconecta. -
Fintech que se bancarizan a la fuerza
Algunas grandes fintech de crédito y pago, especialmente en LatAm, acabarán adquiriendo licencias plenas o cuasi-plenas. No por prestigio, sino para controlar su fondeo y negociar de tú a tú con reguladores. Perderán velocidad, ganarán estabilidad. -
Bancos que aceptan ser infraestructuras mayoristas
Una parte del sistema bancario asumirá su rol natural: custodiar depósitos, gestionar riesgos sistémicos, ofrecer liquidez al resto. Dejarán de intentar competir por la app más bonita y cobrarán por lo que de verdad hacen: sostener el sistema. -
Concentración oculta tras la diversidad aparente
Aunque veamos cientos de logos distintos en nuestros móviles, el riesgo real puede concentrarse en pocas nubes, pocos proveedores de core banking como servicio, pocas redes de pago instantáneo. La próxima crisis podría no venir de un banco “demasiado grande para caer”, sino de una fintech o proveedor de infraestructura “demasiado interconectado para fallar”.
En todos esos escenarios, la pregunta “quién gana” deja de ser sentimental para convertirse en contable: quién captura el margen después de pagar la seguridad, la regulación y las pérdidas inevitables.
XI. La escena final: cuando todo encaja (La gran idea)
Volvamos a las 2:17 a. m. en São Paulo, al director de riesgos del banco que descubre que una fintech le ha sacado ventaja en un segmento que creía muerto.
En otra ciudad, a la misma hora, una pequeña pyme mexicana ve cómo un algoritmo le deniega una línea de crédito automatizada en un marketplace financiero mientras su banco tradicional le exige papeles y semanas de espera. En una tercera pantalla, un usuario europeo recibe una notificación amigable de su app de inversión recordándole que su cartera perdió un 15 % ese día, sin que nadie le pregunte si puede dormir con esa volatilidad.
Son escenas desconectadas: un comité de riesgo, una pyme frente a una pantalla, un ahorrador mirando un gráfico rojo. Pero todas responden a la misma fuerza silenciosa: el traslado sistemático de complejidad y riesgo desde las instituciones hacia las interfaces, en un juego donde bancos y fintech negocian márgenes, licencias y APIs… mientras los verdaderos ganadores serán quienes consigan cobrar por gestionar esa complejidad sin que dejemos de pulsar “aceptar” cada vez que amanece.
Referencias
- El País. Las fintech ganan terreno en su batalla con los bancos tradicionales en México (2024).
- BBVA. Innovación fintech: las nuevas finanzas se dibujan con open banking y pagos B2B.
- Banco Central de Reserva del Perú. Informe sistema de pagos y fintech 2025–1.
- El País (Colombia). José Vélez: el bogotano que creó una fintech para apostarle a las mipymes (Bold).
- Wikipedia. Kapital Bank México.
- Wikipedia. Lounn.
- FinanzasConPeque. La nueva era de los pagos digitales y la banca omnicanal.
- Revista Estrategia & Negocios. La inversión en fintechs de América Latina se disparó 86 % en 2024.
- Infobae. La nueva normativa fintech en Latinoamérica que cambiará en tus pagos y cuentas.
- Bain & Company. Bancos tradicionales enfrentan creciente presión de fintechs en el negocio de tarjetas de crédito (Sudamérica).
- Banco Interamericano de Desarrollo. ¿Qué puede aprender la banca tradicional de las fintech?.
- Oliver Wyman. Las instituciones financieras superarán la innovación de las fintech.
- arXiv. Arquitecturas de confianza cero y blockchain en sistemas financieros.
- QuoNoticias. La transformación de la banca, fintech y nuevos modelos de negocio.
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