La doble economía de México y su impacto en el ecosistema tech y de startups
Análisis en profundidad de cómo la superposición entre economía formal e informal en México moldea el diseño de producto, los modelos de pago, las estrategias de crecimiento y la regulación de las startups tecnológicas, y por qué este contexto no se parece ni a Silicon Valley, ni a Brasil, ni a India.
Resumen
México opera con una doble economía fuertemente entrelazada: un sector formal regulado y un sector informal masivo que, lejos de ser marginal, representa más de la mitad del empleo y cerca de una cuarta parte del PIB. En 2023, la economía informal alcanzó el 24.8 % del PIB nacional, su mayor nivel desde que hay registros [1], mientras que en 2025 el 54.8 % de la población ocupada —unos 32.6 millones de personas— trabajaba en condiciones de informalidad [2]. Esta superposición redefine cómo se diseñan, financian y escalan las startups tecnológicas mexicanas.
Este documento analiza qué distingue a la informalidad mexicana, cómo condiciona las decisiones de producto, pagos y go-to-market, y por qué las narrativas centradas en unicornios, nearshoring o rondas de VC sólo captan una parte de la historia. Se exploran sectores donde la informalidad es una característica estructural —no un fallo a corregir— y se comparan las dinámicas mexicanas con las de otros mercados emergentes. Con base en evidencia reciente sobre informalidad, remesas y políticas digitales [1–8], se argumenta que la próxima ola tech en México estará impulsada por startups que se muevan con soltura en este espacio gris, formalizando de manera gradual sin romper los incentivos que mantienen viva a la economía informal.
Antecedentes
La economía informal mexicana no es un residuo del subdesarrollo, sino una arquitectura paralela que provee empleo, distribución y servicios básicos. Según datos de 2023, la informalidad aportó el 24.8 % del PIB, 0.4 puntos más que el año anterior, alcanzando un récord en su participación en la economía nacional [1][6]. Al mismo tiempo, más de 32 millones de personas —54.8 % de la población ocupada— laboraban en condiciones informales a mediados de 2025 [2], muchas sin seguridad social ni contratos escritos [6][7]. Sectores como comercio minorista, tianguis, transporte, servicios personales y microemprendimientos de barrio concentran gran parte de esta actividad [3].
Las causas de esta persistencia son estructurales. Altos costos laborales, marcos regulatorios complejos y una carga fiscal percibida como excesiva empujan a empresas y trabajadores a operar fuera de los esquemas formales [3]. Entre 2018 y 2023, el 73.5 % de las unidades económicas creadas nacieron en la informalidad [7], señal de que la puerta de entrada a la actividad económica sigue siendo informal para la mayoría de los nuevos negocios. Las políticas de formalización han tenido un impacto limitado, y la Estrategia Digital Nacional de 2013, diseñada para impulsar el uso de TIC, se ha aplicado de forma desigual, con brechas importantes para pymes e informales [8].
Una parte clave de la historia son las remesas. En 2024, México recibió 64,745 millones de dólares en remesas, alrededor del 3.5 % del PIB [4]. Estados como Michoacán, Guanajuato y Jalisco concentraron una cuarta parte de esos flujos [5]. Buena parte de ese dinero se canaliza hacia consumo diario, vivienda y pequeños negocios informales. Sin embargo, en junio de 2025 las remesas registraron una caída interanual del 16.2 % [5], en medio de propuestas para gravarlas con entre 3.5 % y 5 % en Estados Unidos [5]. Esto amenaza una fuente clave de liquidez para la economía informal y, por extensión, para muchas startups que viven de ese consumo.
Este entramado importa enormemente para el ecosistema tech. La mayoría de los usuarios potenciales de productos digitales en México se mueven entre lo formal y lo informal: personas con smartphone y WhatsApp pero sin historial crediticio; dueños de pequeñas tiendas que facturan sólo una fracción de sus ventas; trabajadores que reciben remesas en efectivo pero usan wallets sólo como puente para el retiro. Las startups que escalan con éxito en este contexto no sólo construyen tecnología; programan en su modelo de negocio la lógica de la doble economía.
Métodos
Este white paper se basa en una síntesis cualitativa de fuentes secundarias recientes y en el análisis estructural de cómo éstas se conectan con decisiones típicas de producto y estrategia de startups en México.
En primer lugar, se recopilaron estadísticas oficiales y periodísticas sobre el peso de la economía informal en empleo y PIB, así como su evolución reciente. Los datos sobre participación de la informalidad en el PIB (24.8 % en 2023) provienen de reportes económicos nacionales [1][6], mientras que las cifras de empleo informal (54.8 % de la población ocupada; 32.6 millones de personas a mediados de 2025) se obtuvieron de análisis del mercado laboral [2][3]. Estas series permiten dimensionar cuantitativamente la relevancia estructural del fenómeno.
En segundo término, se integró evidencia sobre creación de empresas y clima de negocios, que muestra que el 73.5 % de las unidades económicas creadas entre 2018 y 2023 operan en la informalidad [7]. Ello se combinó con el examen de políticas públicas en digitalización (Estrategia Digital Nacional, Agencia Digital de Innovación Pública) para evaluar el grado en que los esfuerzos formales han permeado en el tejido informal [8].
En tercer lugar, se incorporaron datos sobre remesas y su impacto económico y social: volumen récord de 64,745 millones de dólares en 2024 (3.5 % del PIB) y caída del 16.2 % interanual en junio de 2025 [4][5]. Se revisaron análisis sobre posibles impuestos a remesas y el surgimiento de canales alternativos, incluido el uso de criptomonedas [5].
Finalmente, se analizaron casos de startups mexicanas que interactúan directamente con el segmento informal —Good Look, Trabeo, Homely— a partir de descripciones de sus modelos de negocio [9–11]. Junto con escenarios hipotéticos representativos, estos casos ilustran patrones de adaptación de producto, pagos y go-to-market. El resultado es un marco interpretativo que conecta la macroestructura de la doble economía con decisiones micro de diseño y estrategia en el ecosistema tech mexicano.
Hallazgos clave
1. La doble economía como rasgo definitorio, no como desvío
La primera constatación empírica es que la informalidad en México no es un nicho, sino el espacio donde opera la mayoría. Que el 54.8 % de la fuerza laboral esté en esquemas informales [2] y que el 24.8 % del PIB provenga de este segmento [1][6] implica que cualquier startup B2C o enfocada en pymes, por definición, está impactando —directa o indirectamente— a esa población. Esto contrasta con narrativas de ecosistema que, al enfocarse en unicornios o nearshoring, suponen un usuario tipo de clase media formalizada, con nómina, tarjeta de crédito y RFC activo.
Sin embargo, la realidad es híbrida. Millones de trabajadores combinan un empleo formal con actividades informales complementarias (clases particulares, transportes por aplicación, venta de comida), y muchísimas pymes registradas subdeclaran parte de sus ventas para reducir impuestos [3][7]. El mismo negocio puede emitir factura a un cliente corporativo y, unos minutos después, vender “sin factura, en efectivo” al vecino. Esta mezcla no es un fallo moral: es una respuesta racional a un entorno de costos laborales altos y trámites complejos [3].
Para las startups, esto significa que los límites entre formal e informal no son líneas claras, sino gradientes. Un emprendedor que usa una app para llevar su inventario puede usarla también para separar ventas “con factura” y “sin factura”. Un repartidor que usa una plataforma formal de última milla puede a la vez hacer entregas independientes cobradas en efectivo. Diseñar para esta realidad requiere asumir que la informalidad no es externa a la economía digital: está integrada en su base de usuarios y proveedores.
2. Usuarios semi-digitales, semi-formales: implicaciones de diseño
Los perfiles de usuario dominantes en el mercado mexicano combinan conectividad móvil con baja formalización financiera. Un patrón recurrente es el de personas con smartphone y WhatsApp como canal digital principal, pero sin historial crediticio o con ingresos irregulares. Otros son microemprendedores que operan desde casa o en mercados, con documentación parcial, o pymes que dividen sus ventas entre operaciones formalizadas y transacciones en efectivo no registradas.
Esto tiene consecuencias directas en el diseño de productos. En onboarding, por ejemplo, múltiples startups mexicanas priorizan el número de teléfono y la integración con WhatsApp como credencial de acceso y canal de comunicación, en lugar de exigir largos formularios KYC. La identidad práctica es “a quién le llega el WhatsApp”, no tanto “qué dice su buró de crédito”. Pedir sólo la foto del INE y un selfie puede ser suficiente para un producto de bajo riesgo, reduciendo fricción frente a procesos bancarios tradicionales.
En interfaz, se enfatizan modos de bajo consumo de datos, interfaces muy visuales y flujos guiados por chat para usuarios con alfabetización digital limitada. Funcionalidades offline —como permitir registrar ventas o citas sin conexión y sincronizar después— son cruciales para negocios en colonias con conectividad inestable. Este tipo de diseño no es una “versión recortada” del producto global; es el producto core para la realidad mexicana.
La construcción de confianza también se reconfigura. En lugar de apostar por un modelo puramente self-service, muchas startups recurren a promotores de comunidad, demostraciones presenciales en mercados o soporte humano por WhatsApp. Un ejemplo es el de una fintech ficticia pero representativa que digitaliza créditos para vendedores de tianguis: el primer contacto no ocurre en una landing page, sino en el propio mercado, con un asesor físicamente presente que explica la app y luego mantiene la relación por WhatsApp. Sin esa capa humana inicial, la conversión sería marginal.
3. Pagos en un ecosistema donde el efectivo sigue mandando
Aunque los productos fintech se han multiplicado, el efectivo sigue siendo rey en México. La propia magnitud de la economía informal —24.8 % del PIB en 2023 [1][6]— es un indicador indirecto de hasta qué punto las transacciones escapan a los rails financieros tradicionales. La bancarización crece, pero muchos usuarios usan cuentas y wallets sólo como puente: depositan dinero, pagan un servicio puntual o retiran todo en efectivo. El concepto de “cuenta de largo plazo” es débil.
Esto obliga a las startups a ser radicalmente flexibles en sus esquemas de pago. La expectativa de pago contra entrega es fuerte, sobre todo en colonias y mercados. Para comercio electrónico o servicios bajo demanda, muchos usuarios no confían en pagar por adelantado o no tienen tarjeta. Como resultado, proliferan modelos híbridos: se reserva por app, pero se paga en efectivo al repartidor; se contrata un servicio en línea, pero se liquida en una tienda de conveniencia cercana.
Cadenas como Oxxo funcionan de facto como infraestructura financiera distribuida. Permiten pagar facturas, recargar wallets y realizar depósitos en efectivo para múltiples plataformas. Para un porcentaje enorme de usuarios, el “banco” más cercano no es una sucursal bancaria, sino la tienda de la esquina. Las startups integran intencionalmente estos rails: poner un código de barra o referencia para pago en Oxxo es tan importante como habilitar tarjetas.
El siguiente cuadro resume algunos rasgos clave de los usuarios y su impacto en diseño de producto y pagos:
| Rasgo del usuario dominante | Implicación para diseño | Implicación para pagos |
|---|---|---|
| Smartphone + WhatsApp, bajo historial crediticio | Login por teléfono, soporte vía chat, KYC ligero | Wallets sin tarjeta, top-ups en efectivo |
| Ingresos irregulares, mezcla formal/informal | Flujo simple, foco en control diario de caja | Créditos flexibles, pagos variables, sin débitos automáticos fuertes |
| Preferencia por trato personal | Onboarding asistido, promotores de zona | Cobranza física, esquemas tipo agente/comisionista |
| Desconfianza hacia débitos y cargos recurrentes | Transparencia en comisiones, avisos por WhatsApp | Pago contra entrega, referencias en tiendas de conveniencia |
Además, las startups han desarrollado redes de agentes y puntos de cash-in para reconciliar el mundo efectivo con el digital. Desde corresponsales que cobran suscripciones SaaS en efectivo hasta líderes comunitarios que colectan pagos grupales para un servicio, el modelo de “full digital” se vuelve minoritario. Esto desafía la intuición de inversionistas externos que asumen un usuario “card-first”: en México, ser cash-first pero digitalmente conectado es perfectamente consistente.
4. Go-to-market cuando tus early adopters viven fuera del radar fiscal
Servir a segmentos informales cambia por completo la estrategia de crecimiento. La adquisición de usuarios se apoya menos en campañas de performance marketing y más en redes sociales de baja fricción —WhatsApp, Facebook, TikTok— combinadas con presencia física. En colonias populares y mercados, la recomendación boca a boca sigue siendo más efectiva que un anuncio sofisticado en línea.
Un patrón recurrente es la colaboración con cooperativas, asociaciones de comerciantes y liderazgos locales. Estos actores funcionan como nodos de confianza y permiten acelerar la adopción masiva. En lugar de vender app por app, se negocia con el representante de un mercado o de un sindicato de tianguistas, que luego promueve la herramienta entre sus agremiados. A cambio, puede recibir una comisión, acceso preferencial o funcionalidades específicas.
Las plataformas sociales no se usan sólo como canales de marketing, sino como infraestructura operativa. WhatsApp reemplaza al call center, se convierte en CRM ligero y en interfaz de cobro. Facebook Groups sirve como tablón de anuncios y comunidad de soporte. TikTok no sólo genera leads, sino que funciona como manual de usuario audiovisual: microvideos explican cómo cobrar con QR, cómo registrar inventario o cómo pedir un crédito.
Considérese el caso hipotético de una startup que quiere reclutar 1,000 vendedores ambulantes en tres meses. Una campaña funcional podría combinar demostraciones presenciales en mercados clave, acuerdos con líderes para difundir la app, grupos de WhatsApp por zona donde se resuelven dudas y se anuncian promociones, y contenido corto en TikTok mostrando testimonios de vendedores reales que ya usan la plataforma. El “funnel” no arranca en una landing con email; arranca en un puesto de tacos, en una asamblea de tianguistas o en un grupo de WhatsApp preexistente.
5. Regulación, zonas grises y riesgo calculado
Trabajar con usuarios informales sitúa a muchas startups en un delicado equilibrio regulatorio. Por un lado, las políticas de inclusión financiera empujan a ampliar el acceso a servicios digitales; por otro, las normas de KYC/AML obligan a conocer al cliente y monitorear riesgos. Diseñar un onboarding demasiado laxo puede encender alarmas regulatorias; hacerlo demasiado estricto excluye precisamente a los usuarios objetivo.
Además, incorporar negocios informales a plataformas digitales genera un rastro transaccional que, en teoría, podría utilizarse para fiscalización. Esto crea una tensión evidente: muchos microemprendedores temen que digitalizar sus operaciones implique automáticamente ser visibles para la autoridad fiscal. Si la promesa de la startup es “ayudarte a vender más” pero perciben que en realidad es “facilitar que el SAT te vea”, la adopción se frena.
Algunas empresas están respondiendo con modelos de “on-ramp” gradual a la formalidad. Por ejemplo, comienzan ofreciendo herramientas básicas de gestión (inventario, agenda, cobro) sin requerir RFC ni emitir facturas. Con el tiempo, una vez que el usuario observa beneficios claros, se le ofrece un módulo de facturación, o productos de crédito que sí requieren formalización mínima. La plataforma se convierte en un puente opcional, no en un mecanismo de enforcement.
Este enfoque tiene límites. Extender demasiada funcionalidad sin anclajes formales puede derivar en riesgos de lavado de dinero o en estructuras difícilmente defendibles ante los reguladores si se aspira a escalar o salir a bolsa. Cada startup debe decidir cuánta informalidad puede absorber sin comprometer su escalabilidad y su relación con autoridades. Pero, en la práctica, las que logran crecer entienden que regular “desde la lógica del Excel” sin atender la realidad on-the-ground está condenado al fracaso.
Análisis comparativo
1. Sectores donde la informalidad es parte del diseño
En México existen categorías donde la informalidad no es un problema a eliminar, sino un input de diseño.
En servicios a domicilio y gig work, plataformas como Good Look y Homely ilustran esta lógica. Good Look, fundada en 2016, conecta a profesionales de la belleza con clientes a domicilio bajo un modelo de economía colaborativa; cuenta con una comunidad de más de 4,000 artistas certificados y presencia en México, EE. UU., Colombia y España [9]. Muchas de estas trabajadoras provienen de esquemas informales (salones caseros, servicios por recomendación) y encuentran en la plataforma una forma de semi-formalización flexible: mantienen autonomía, pero se benefician de reputación digital, pagos más estables y cierta protección.
Homely, por su parte, conecta trabajadoras domésticas con usuarios que requieren servicios de limpieza. Tras la pandemia, cambió su modelo y en 2021 adquirió a su competidora Aliada; en 2023 se alió con la colombiana Hogarú para expandirse [11]. Su plataforma ofrece prestaciones y seguros, elevando el estándar laboral en un sector históricamente informal. Pero no lo hace exigiendo formalización total desde el día uno, sino ofreciendo una transición escalonada donde las trabajadoras pueden probar el modelo y, con el tiempo, acceder a más beneficios.
En herramientas para independientes y oficios, Trabeo (lanzada en 2025) facilita a profesionales y pequeños negocios crear perfiles públicos, organizar citas y recibir reseñas verificadas [10]. Muchos de sus usuarios —plomeros, electricistas, tutores, pequeños talleres— han operado siempre al margen de la formalidad. La app no los obliga a convertirse de inmediato en contribuyentes ejemplares; les ofrece visibilidad y gestión, dejando la formalización fiscal como una capa posterior.
2. México frente a otros mercados emergentes
Comparar a México con Brasil, Colombia o India muestra tanto similitudes como diferencias estructurales. Como estos países, México tiene una economía informal masiva y una adopción acelerada de smartphones. Sin embargo, hay rasgos distintivos: la proximidad a EE. UU. y el peso de las remesas —64,745 millones de dólares en 2024, 3.5 % del PIB [4]— crean un flujo constante de liquidez en efectivo que alimenta consumo, autoempleo y microemprendimiento. Esta entrada de capital se canaliza en buena medida a la economía informal y, en muchos casos, a la demanda de servicios digitales básicos.
Cuando las remesas caen —como la contracción del 16.2 % interanual registrada en junio de 2025 [5]— se resiente tanto el consumo formal como el informal. A diferencia de Brasil, donde el mercado interno masivo y los programas de transferencia condicionada juegan un rol distinto, en México la mezcla de remesas, comercio fronterizo y crimen organizado crea un entorno en que el efectivo circula de formas más opacas.
En comparación con India, México tiene una red de tiendas de conveniencia (como Oxxo) y farmacias que funcionan como infraestructura de pagos y logística descentralizada, mientras que India se apoyó en una estrategia más centralizada de identificación digital (Aadhaar) y pagos inmediatos (UPI). Esto implica que los “rails” de digitalización mexicana son más fragmentados y privados, pero también más alineados con la geografía real del consumo.
Asimismo, la fragmentación del retail y la presencia de crimen y violencia en ciertas zonas moldean la forma en que operan servicios de última milla y movilidad de forma distinta a mercados donde el Estado tiene mayor presencia efectiva en territorio. Las plataformas mexicanas deben tejer acuerdos con actores informales locales (desde taxistas tradicionales hasta líderes comunitarios) para operar sin fricciones, algo menos visible en los playbooks standard de Silicon Valley.
3. Trade-offs de copiar playbooks externos
Replicar estrategias de Silicon Valley o incluso de vecinos latinoamericanos sin internalizar la doble economía mexicana suele fallar por varias razones. Los modelos “card-first, full-KYC, fully-remote” asumen un usuario altamente bancarizado, formalizado y dispuesto a auto-onboarding. En México, esto excluye, de entrada, a la mayoría de la base potencial.
Las startups que insisten en cobrar sólo por tarjeta o que penalizan fuertemente el efectivo tienden a ver tasas de abandono y fraude elevadas, porque fuerzan a los usuarios a comportamientos que no se ajustan a su realidad de ingresos irregulares y desconfianza hacia cargos recurrentes. Por el contrario, las empresas que aceptan la complejidad de la cobranza en efectivo, con agentes o tiendas de conveniencia como intermediarios, ganan profundidad de mercado a costa de márgenes logísticos menores.
Asimismo, los modelos regulatorios inspirados en países con informalidad mínima pueden producir un chilling effect sobre la innovación. Si cada intento de digitalizar un segmento informal se percibe como un posible canal de evasión, la respuesta regulatoria puede ser sobrerreacción en lugar de colaboración. Las startups mexicanas más exitosas en estos segmentos están aprendiendo a trabajar con reguladores desde el diseño del producto, mostrando cómo su data puede ayudar a formalizar gradualmente sin forzar una ruptura abrupta con la realidad informal.
Estudios de caso
Caso 1: Good Look y la profesionalización flexible de la belleza a domicilio
Good Look, fundada en 2016, surgió en un contexto donde gran parte de los servicios de belleza —peinados, maquillaje, uñas— se contrataban de forma informal por recomendación, sin contratos ni plataformas [9]. La empresa creó un marketplace digital donde los “artistas” pueden ofrecer servicios a domicilio, con agenda, precios y reseñas visibles. Hoy agrupa a más de 4,000 profesionales certificados y opera en varios países, incluyendo México [9].
Su modelo dialoga directamente con la doble economía. Muchas profesionales provienen de trayectorias informales (salones en casa, visitas a domicilio pagadas en efectivo). La plataforma no las obliga a abrir de inmediato una empresa formal, pero sí introduce elementos de formalización: verificación básica de identidad, estándares de servicio, mecanismos de pago más trazables. El onboarding se apoya en canales como WhatsApp y en una UX sencilla, consciente de que no todas las usuarias tenían experiencia previa con apps complejas.
Good Look también tuvo que adaptarse a la realidad de pagos: permitir tanto cobros digitales como efectivo, y gestionar cancelaciones y agendas considerando la informalidad de otros compromisos laborales de las prestadoras. Su éxito muestra que es posible profesionalizar un sector informal respetando su flexibilidad, en lugar de intentar imponer desde el inicio un modelo laboral rígido.
Caso 2: Homely y la formalización progresiva del trabajo doméstico
Homely, fundada en 2015, se propuso digitalizar la contratación de trabajadoras domésticas, uno de los segmentos más precarizados y con mayor informalidad en México [11]. A través de su app, los usuarios pueden contratar servicios de limpieza, mientras la empresa ofrece prestaciones y seguros a las trabajadoras. Durante la pandemia, Homely tuvo que repensar su modelo, y en 2021 adquirió a su competidora Aliada; en 2023 se alió con la colombiana Hogarú para expandirse [11].
El caso ilustra la complejidad de operar en una categoría donde tanto oferta como demanda se mueven en la informalidad. Del lado de las trabajadoras, muchas nunca habían tenido un contrato formal ni acceso a seguridad social. Del lado de los hogares, la costumbre era pagar en efectivo, sin registro. Homely diseñó un on-ramp donde las trabajadoras pueden incorporarse gradualmente, probando el modelo mientras la empresa absorbe parte del riesgo y de los costos de formalización.
La plataforma ha tenido que equilibrar las expectativas de los clientes finales —que buscan precios competitivos y flexibilidad— con la necesidad de dignificar el trabajo. Ello implicó educar al mercado, mostrar por qué ciertas tarifas son necesarias para ofrecer prestaciones, y al mismo tiempo simplificar el pago y la comunicación vía canales digitales accesibles. Es un ejemplo de cómo la formalización puede ser una propuesta de valor, no sólo una obligación.
Caso 3: Trabeo y la visibilidad digital de oficios e independientes
Trabeo, una aplicación web lanzada en 2025, está diseñada para independientes, oficios y pequeños negocios en América Latina [10]. Permite crear un perfil público, publicar servicios, organizar citas en línea y recibir reseñas verificadas. Sus usuarios son típicamente plomeros, electricistas, tutores, terapeutas, pequeños talleres —es decir, actores ubicados históricamente en la economía informal.
La propuesta de Trabeo no es convertirlos súbitamente en empresas formales, sino darles una identidad digital y herramientas básicas de gestión. El login por teléfono, la interfaz sencilla y la apuesta por reseñas verificadas generan confianza entre clientes que, de otro modo, dependerían sólo del boca a boca fuera de línea. Al mismo tiempo, la plataforma recopila información que podría, en el futuro, servir como base para productos financieros (crédito, seguros) o para procesos de formalización ligera.
Este caso señala cómo la primera capa de digitalización en la economía informal no es la facturación electrónica ni los ERPs, sino la visibilidad y la reputación. Sólo una vez resuelta esa capa tiene sentido hablar de capas posteriores de sofisticación financiera y fiscal.
Limitaciones
Este análisis se basa en fuentes secundarias, estadísticas agregadas y casos documentados públicamente. No incorpora, por diseño, entrevistas cualitativas extensas ni datos internos de startups específicas, lo que limita el nivel de detalle sobre métricas operativas, unit economics y decisiones tácticas. Aunque se han utilizado cifras sólidas sobre informalidad, remesas y creación de empresas [1–7], la naturaleza dinámica de estos fenómenos implica que los porcentajes y volúmenes mencionados pueden cambiar con rapidez, sobre todo en un contexto de posibles reformas fiscales y regulatorias.
Asimismo, los estudios de caso presentados —Good Look, Homely, Trabeo— ilustran patrones pero no agotan la diversidad de modelos existentes. Existen múltiples startups mexicanas que operan en sectores como logística, movilidad, retail y fintech cuyo detalle escapa al alcance de este documento. Se ha recurrido a ejemplos hipotéticos representativos para describir flujos de onboarding, pagos y go-to-market; estos escenarios buscan ser verosímiles, pero no deben interpretarse como descripciones literales de una única empresa.
Finalmente, la economía informal es, por definición, difícil de medir. Las estimaciones de su peso en el PIB (24.8 % en 2023) [1][6] y el porcentaje de empleo informal (54.8 % de la población ocupada) [2] se basan en metodologías con márgenes de error y en encuestas que pueden subestimar o sobreestimar ciertos segmentos. Por tanto, las conclusiones deben leerse como un marco interpretativo robusto pero no exhaustivo. Investigar más a fondo requeriría trabajo de campo, acceso a bases de datos de startups y diálogo sistemático con reguladores, algo que excede el propósito de esta pieza.
Implicaciones
Para fundadores, el mensaje central es que la validación de ideas y el medidor de tracción no pueden depender sólo de métricas típicas de SaaS (MRR, churn, ARPU) descontextualizadas. Cuando gran parte del mercado está “off the books”, indicadores como recurrencia de uso, densidad de red (cuántos negocios de un mercado usan la herramienta), volumen de transacciones en efectivo canalizadas a través del producto o crecimiento por referidos pueden ser más significativos que el simple conteo de tarjetas registradas. Los pilotos deben diseñarse en colaboración con líderes comunitarios, asociaciones y puntos de venta informales, midiendo tanto el impacto económico como los cambios de comportamiento.
Para inversionistas, evaluar startups que sirven a segmentos informales implica reconfigurar la noción de riesgo. La exposición regulatoria y la dependencia de infraestructuras físicas (agentes, tiendas de conveniencia) pueden parecer “desordenadas” frente a modelos puramente digitales, pero también crean barreras de entrada y moats difíciles de replicar. Señales como la capacidad de gestionar cobranza en efectivo con bajos niveles de morosidad, la profundidad de integración con redes locales y la habilidad para traducir datos informales en underwriting prudente son activos clave.
Para policymakers y actores de ecosistema, apoyar la innovación en la intersección formal/informal exige regulaciones por etapas y sandbox regulatorios que permitan experimentar con modelos de on-ramp gradual. Más que intentar erradicar la informalidad de golpe, se trata de ofrecer caminos de formalización que no destruyan los incentivos económicos de los actores involucrados. Articular las agendas de inclusión financiera, digitalización y protección laboral con la realidad de que el 73.5 % de las nuevas unidades económicas nacen informales [7] es un reto de diseño institucional tan grande como cualquier desafío técnico.
Si México logra coordinar estos tres frentes —emprendimiento, inversión y política pública—, su doble economía puede convertirse en una ventaja comparativa: un laboratorio donde se diseñan soluciones para mercados complejos que luego pueden exportarse a otros países con realidades similares.
Conclusión
La tesis de fondo es clara: entender el ecosistema tech mexicano exige entender su solapamiento entre economías formal e informal. Con un 24.8 % del PIB y más de la mitad del empleo en la informalidad [1][2][6], cualquier narrativa que se centre únicamente en unicornios, nearshoring o rondas de VC se queda corta. Las startups que realmente redefinen el terreno son aquellas que construyen productos para usuarios semi-digitales y semi-formales, que aceptan el efectivo como primera realidad, que diseñan go-to-market en mercados y colonias, y que negocian con zonas grises regulatorias sin renunciar a la escalabilidad.
En los próximos 5 a 10 años, es razonable esperar una ola de startups que extiendan este enfoque a más sectores: logística de última milla basada en redes de repartidores informales profesionalizados; fintech que conviertan historiales de remesas y flujos de caja en crédito responsable; plataformas de servicios que integren oficios y microemprendimientos en una economía de reputación y seguros más robusta. También veremos mayores presiones macro, como la posible imposición de impuestos a remesas [5], que obligarán a innovar en canales de envío y protección de ingresos familiares.
El impacto no se limitará a México. A medida que estas soluciones maduren, podrán exportarse a otros mercados de América Latina, África y Asia con estructuras de informalidad similares. La “doble economía” mexicana, lejos de ser un lastre, puede ser la cantera de una generación de productos diseñados desde el día uno para la complejidad real del Sur Global. Para quienes construyen y financian tecnología en México, la pregunta ya no es si deben considerar la informalidad, sino cómo convertirla en el corazón de su estrategia.
Referencias
[1] "La economía informal crece y alcanza un nuevo récord en su participación del PIB nacional" – La Jornada (2024). https://www.jornada.com.mx/2024/12/20/economia/015n2eco
[2] "Informal employment rises to 54.8% in Q2; unemployment remains low and regional gaps persist" – pesomxn.com (2025). https://www.pesomxn.com/en/news/833768-adc3d4-07607c-634905-b3f518/informal-employment-rises-to-548-in-q2-unemployment-remains-low-and-regional-gaps-persist
[3] "33 millones de personas en la economía informal mexicana por altos costos laborales" – staffingamericalatina.com (2024). https://staffingamericalatina.com/en/33-millones-de-personas-en-la-economia-informal-mexicana-por-altos-costos-laborales
[4] "El impacto social y económico de las remesas en los hogares mexicanos" – BBVA (2025). https://www.bbva.com/es/mx/economia-y-finanzas/el-impacto-social-y-economico-de-las-remesas-en-los-hogares-mexicanos
[5] "Remesas: motor social que debe protegerse" y reportes relacionados – El Economista / El País / Mexiconomics (2024–2025). https://www.eleconomista.com.mx/opinion/remesas-motor-social-debe-protegerse-20251123-787930.html ; https://elpais.com/mexico/2025-08-01/el-envio-de-remesas-a-mexico-se-desploma-un-162-en-el-ultimo-ano.html ; https://elpais.com/mexico/2025-05-25/criptomonedas-efectivo-y-transferencias-irregulares-las-alternativas-para-evadir-el-impuesto-a-las-remesas.html ; https://mexiconomics.com/2025/impacto-economico-en-mexico-por-impuestos-a-remesas-desde-ee-uu
[6] "La economía informal crece y alcanza un nuevo récord en su participación del PIB nacional" – El Imparcial (2024). https://www.elimparcial.com/dinero/2024/12/23/la-economia-informal-crece-y-alcanza-un-nuevo-record-en-su-participacion-del-pib-nacional
[7] "Informalidad al alza refleja peor clima de negocios" – El Economista (2025). https://www.eleconomista.com.mx/empresas/informalidad-alza-refleja-peor-clima-negocios-ip-20250907-776168.html
[8] "Estrategia Digital Nacional" y "Agencia Digital de Innovación Pública" – Wikipedia (consultado 2025). https://es.wikipedia.org/wiki/Estrategia_Digital_Nacional_%28M%C3%A9xico%29 ; https://es.wikipedia.org/wiki/Agencia_Digital_de_Innovaci%C3%B3n_P%C3%BAblica
[9] "Good Look" – Wikipedia (consultado 2025). https://es.wikipedia.org/wiki/Good_Look
[10] "Trabeo" – Wikipedia (consultado 2025). https://es.wikipedia.org/wiki/Trabeo
[11] "Pymes mexicanas: casos de innovación" (incluye Homely) – Wortev Academy (2023). https://academy.wortev.com/negocios/pymes-mexicanas
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Mientras los comunicados hablan de “innovación abierta” y “alianzas estratégicas”, un martes cualquiera en un banco, un retailer, un hospital y un operador logístico cuenta otra historia: qué modelos de negocio consumen caja, quién asume el riesgo y quién se queda con el cliente. Este reportaje sigue un día en la vida de cuatro profesionales atrapados entre gigantes y startups para responder la única pregunta que importa: ¿quién gana y quién pierde de verdad?